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Bitcoin 2025–2026: la red dejó de ser una sola historia

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🧭 Una nueva etapa para Bitcoin

Durante años, Bitcoin pudo resumirse con una narrativa dominante: reserva de valor, activo escaso y termómetro del apetito global por riesgo. Pero entre 2025 y 2026 esa lectura empezó a quedarse corta. La conversación más importante dejó de girar únicamente alrededor del precio y comenzó a desplazarse hacia terrenos mucho más incómodos y profundos: la política de relay, la arquitectura del mempool, la presión económica sobre la minería, el crecimiento de instrumentos institucionales, el surgimiento de formas nuevas de usar BTC sin custodia y, además, la necesidad de pensar en robustez operativa y defensa criptográfica de largo plazo. Bitcoin ya no parece una historia única. Se parece, cada vez más, a un sistema con varios frentes de conflicto e innovación abiertos al mismo tiempo.

🧱 El frente más duro ya no es el precio: es la política de relay

Una de las señales más fuertes del cambio llegó en junio de 2025, cuando un grupo amplio de colaboradores de Bitcoin Core publicó una declaración sobre política de relay. El punto central fue claro: el software de nodos puede y debe aplicar medidas de protección contra abuso, pero no debería bloquear transacciones que tengan demanda económica sostenida y que, de todos modos, terminan entrando en bloques. En otras palabras, el relay no debería funcionar como un filtro moral o cultural sobre los usos de la red, sino como un mecanismo que se parezca lo más posible a aquello que los mineros realmente van a minar. Desde esa lógica, relay sirve para estimar comisiones, mejorar la propagación de bloques y evitar que los mineros dependan de canales privados de envío de transacciones que erosionen la descentralización.

Ese giro importa porque desplaza la discusión desde “qué usos gustan más” hacia “qué comportamientos económicos existen realmente en la red”. Y ahí apareció el debate de OP_RETURN, que exhibió una tensión incómoda: si ciertos datos no caben por una vía estándar, no necesariamente desaparecen; a veces sólo migran hacia mecanismos peores para la red. Bitcoin Optech resumió esa discusión señalando que aumentar o eliminar límites sobre OP_RETURN tenía como argumento a favor que las organizaciones con recursos seguirían confirmando este tipo de transacciones de cualquier manera, incluso llegando directo a mineros. En el debate posterior también quedó planteado que ciertos límites podían incentivar a mover datos hacia outputs menos deseables en lugar de OP_RETURN, un resultado que no reduce el uso, sino que lo reubica de forma más torpe.

En paralelo, el mempool dejó de verse sólo como una sala de espera caótica. Propuestas ligadas a cluster mempool empezaron a plantear una reescritura más sofisticada de cómo se ordenan dependencias, paquetes y posibles mejoras de fee rate antes de reconstruir plantillas de bloques. Optech resumió en octubre de 2025 una propuesta para detectar si una actualización del mempool justifica o no reconstruir el block template, precisamente para evitar cómputo redundante y mejorar eficiencia. La señal de fondo es clara: el conflicto central ya no es sólo cuánto vale Bitcoin, sino cómo se administra el acceso competitivo al blockspace y qué política debe seguir el software frente a usos económicamente persistentes.

🧩 Los covenants ya dejaron de ser una obsesión marginal

Otro cambio de época fue la maduración política del debate sobre covenants. En 2025, la combinación CTV + CSFS dejó de discutirse sólo como curiosidad técnica y empezó a presentarse, incluso por algunos participantes del debate, como un posible “primer paso” incremental hacia una mayor expresividad en Bitcoin Script. Bitcoin Optech recogió múltiples discusiones sobre una posible soft fork con OP_CHECKTEMPLATEVERIFY y OP_CHECKSIGFROMSTACK, y también el argumento de que esta combinación podría abrir casos de uso relevantes para Lightning, Ark y otras construcciones, aunque sin despejar los costos sociales y técnicos de activarla.

La diferencia con ciclos anteriores es política, no sólo técnica. Ya no se trataba únicamente de decir “sería interesante tener covenants”, sino de discutir qué paquete tendría más sentido, qué riesgos introduciría y cuál sería una ruta de activación razonable. Esa transición quedó todavía más visible en febrero de 2026, cuando apareció públicamente un cliente de activación para BIP119/CTV con parámetros conservadores: ventana de inicio, timeout, altura mínima de activación y umbral del 90%. Eso no equivale a aprobación ni a activación inminente, pero sí marca que el tema entró en una etapa distinta. Cuando una idea deja de vivir sólo en ensayos y empieza a tener cliente, parámetros y calendario tentativo, ya está jugando en el terreno de la política real de protocolo.

⚙️ Bitcoin ya no sólo compite como “dinero duro”

Mientras el debate de covenants ganaba peso, otra línea de desarrollo empujó a Bitcoin hacia algo todavía más ambicioso: servir como base mínima para cómputo verificable y puentes con menos confianza, sin tocar el consenso. El paper de BitVM2 describió un esquema de cómputo optimista en el que un operador se asume honesto hasta que un challenger demuestra fraude, y sostuvo que la corrección del programa puede resolverse con sólo tres transacciones on-chain. Además, el diseño enfatiza un salto importante respecto de propuestas anteriores: challenge permissionless, menor complejidad y ausencia de cambios de consenso en Bitcoin.

A partir de ahí, la conversación no se frenó: se aceleró. En junio de 2025, un post sobre “Garbled circuits and BitVM3” sostuvo que el uso de garbled circuits podía volver la verificación de SNARKs en Bitcoin más de 1,000 veces eficiente que BitVM2, con la promesa de abaratar puentes de BTC de forma drástica. Y en enero de 2026, la propuesta Argo volvió a empujar la frontera al describir un esquema para cómputo off-chain significativamente más eficiente. Traducido a lenguaje menos críptico: Bitcoin empezó a ser tratado no sólo como capa base monetaria, sino como terreno serio para construir verificaciones complejas y puentes con menos supuestos de confianza.

En esa misma lógica, Ark también comenzó a reubicarse. A inicios de 2026, Bitcoin Optech resumió una discusión sobre usar Ark como channel factory flexible para Lightning, en vez de pensarlo únicamente como solución de pagos para usuario final. La idea era que la estructura de vTXOs y lotes de Ark pudiera abaratar aperturas, cierres y splices, y ayudar a Lightning Service Providers y nodos de ruteo a manejar liquidez de manera más eficiente. Ya no se trataba solamente de “Bitcoin o Lightning”, sino de un ecosistema donde capas, fábricas de canales y estructuras híbridas empiezan a mezclarse.

🌉 BTCfi dejó de ser sólo wrapped BTC con marketing

Si en años anteriores gran parte de lo llamado “BTCfi” era, en el fondo, BTC envuelto y custodiado con otro nombre, 2025 cambió el tono del experimento. Babylon presentó 2025 como el año en que una tesis de “seguridad trustless con Bitcoin” se convirtió en infraestructura desplegada. En abril se lanzó Babylon Genesis, descrita por la propia organización como la primera Layer 1 asegurada por Bitcoin, con staking nativo de BTC sin wrappers, puentes tradicionales ni cesión de custodia. La promesa era que Bitcoin pudiera empezar a producir seguridad criptoeconómica fuera de su capa base sin dejar de estar anclado a ella.

El paso más importante llegó en octubre, cuando Babylon reportó un experimento en mainnet en el que se tomó BTC nativo como colateral para pedir prestado USDC real en Ethereum a través de Morpho. La relevancia de ese hito no está en el marketing de la marca, sino en la naturaleza del ensayo: según la documentación de Babylon, no fue simulación ni testnet, sino una prueba con BTC, colateral y liquidación reales. Después, en diciembre, Babylon y Aave Labs anunciaron planes para extender Trustless Bitcoin Vaults a Aave V4 mediante una arquitectura donde BTC nativo pudiera usarse como colateral sin depender de wrapped assets. Para finales de 2025, Babylon afirmaba que su infraestructura aseguraba más de 10 mil millones de dólares en Bitcoin nativo entre staking y vaults. Sigue siendo un frente temprano, sí, pero ya no es una diapositiva aspiracional: es infraestructura intentando probarse en producción.

📉 La paradoja de 2025: precio alto, cadena silenciosa

Mientras la narrativa de Bitcoin se sofisticaba, la actividad base de la red ofrecía una imagen menos heroica. Glassnode describió esta fase como una especie de “ghost town” on-chain. El reporte observó que, tras un pico de 734 mil transacciones diarias durante 2023–2024, en 2025 el rango cayó a aproximadamente 320 mil–500 mil por día. La disminución se explicó en buena medida por la caída de actividad no monetaria, mientras las transacciones monetarias se mantuvieron relativamente estables. El punto incómodo es que el precio podía seguir alto sin que eso se tradujera en una cadena saturada como en ciclos anteriores.

Eso no significó irrelevancia económica de la red. Según el mismo reporte, el volumen liquidado siguió siendo elevado, con un promedio anual de 7.5 mil millones de dólares diarios, mientras el volumen promedio por transacción rondó los 36.2 mil dólares. Además, las transferencias superiores a 100 mil dólares pasaron de representar 66% del volumen de red en noviembre de 2022 a 89% en el momento del informe. La lectura es contundente: menos transacciones no equivalen necesariamente a menos importancia económica; pueden equivaler a una red donde los actores grandes pesan cada vez más.

La segunda mitad de esa paradoja estuvo fuera de cadena. Glassnode señaló que los volúmenes combinados de spot, futuros y opciones llegaron a ser de 7 a 16 veces mayores que el valor liquidado on-chain, y que el open interest agregado en derivados alcanzó 96.2 mil millones de dólares. Al mismo tiempo, destacó un matiz importante: la estructura del colateral mejoró, con predominio de posiciones margined en stablecoins en lugar de cripto colateral más frágil. La economía de Bitcoin, por tanto, no se apagó; simplemente migró buena parte de su intensidad hacia venues off-chain y estructuras derivadas más complejas.

⛏️ La minería entró en compresión severa

Donde sí se sintió con crudeza el enfriamiento del blockspace fue en la minería. En agosto de 2025, TheEnergyMag reportó que las comisiones por transacción cayeron por debajo del 1% de la recompensa por bloque por primera vez, al tiempo que el hashprice seguía atascado por debajo de 60 dólares por PH/s/día y la dificultad marcaba un máximo histórico de 129 billones. Ya no se trataba de una molestia coyuntural: era una compresión directa de márgenes en el periodo posterior al halving.

En enero de 2026, Hashrate Index reforzó la señal: las fees promediaron apenas 0.019 BTC por bloque, alrededor de 0.7% de la recompensa total. Un mes después, el mismo proveedor reportó un hashprice de 28.25 dólares por PH/s/día y advirtió que, a esos niveles, muchas operaciones estaban ya en o por debajo del breakeven, dependiendo de su estructura de costos y del hardware utilizado. En otro análisis de marzo de 2026, Hashrate Index resumió el problema en una frase simple: mientras el hashprice permanezca por debajo de la zona de 35 dólares por PH/s/día, el crecimiento neto del hashrate tenderá a verse frenado por la salida de capacidad marginal. Eso conecta de forma directa la discusión de fees y demanda de blockspace con el presupuesto de seguridad de la red.

🏭 La minería ya es un negocio de energía e infraestructura

La presión sobre márgenes también está cambiando la naturaleza del sector. TheEnergyMag observó en 2025 que mineras públicas como MARA, IREN, CleanSpark y Cango concentraron cerca del 20% de las recompensas de julio, mientras el mercado accionario empezó a distinguir entre mineras puras y operadores con narrativa de infraestructura computacional. El mismo reporte destacó la divergencia bursátil: Terawulf subió 50% impulsada por su giro hacia HPC, mientras otros jugadores más dependientes del hash puro quedaron rezagados.

Eso ayuda a explicar por qué la minería dejó de medirse sólo en exahashes. Parte de su valoración futura se negocia ahora en acceso a energía, terrenos, contratos eléctricos, flexibilidad operativa y capacidad de reconvertirse hacia HPC o AI. Incluso en análisis recientes sobre centros de datos de IA, TheEnergyMag ha enmarcado esa convergencia como un tema estructural de red eléctrica e infraestructura física, no como una anécdota de mercado. Bitcoin sigue dependiendo del hash, por supuesto, pero el negocio del hash ya no se evalúa únicamente por crecimiento de máquinas; se evalúa como tesis energética e industrial.

🏦 Bitcoin ya se mueve por tuberías institucionales

El otro gran cambio está en la microestructura financiera. Los flujos de ETF spot muestran que la demanda institucional ya no es ruido de fondo, sino una tubería capaz de inyectar o retirar cientos de millones de dólares en una sola jornada. Farside registró entradas netas de 458.2 millones de dólares el 2 de marzo de 2026 y salidas netas de 348.9 millones el 6 de marzo de 2026. Esos movimientos no sólo importan por su tamaño; importan porque comprimen en pocos días decisiones de asset allocation que antes se expresaban de manera más fragmentada.

A esto se suma otro fenómeno captado por Farside en 2025: la “mania” de las treasury companies cripto en mercados públicos. Su análisis comparó ese entusiasmo con otras modas especulativas de ciclos previos y lo describió como una nueva forma de ingeniería financiera corporativa alrededor de activos digitales. El resultado es que Bitcoin empieza a comportarse simultáneamente como activo monetario, colateral macro, base para derivados y pieza central de estrategias corporativas listadas. El BTC que se observa hoy ya no es movido solamente por holders nativos; también lo empujan ETFs, compañías de tesorería y estructuras públicas que cambian el ritmo y la textura del mercado.

🛡️ El tema más subestimado: robustez operativa y post-cuántica

Quizá el frente menos glamuroso, pero más revelador, sea el de la robustez. En febrero de 2026, Delving Bitcoin alojó discusiones activas sobre algorithm agility para enfrentar tanto posibles amenazas cuánticas como rupturas clásicas en algoritmos de firma. La premisa era sobria: un sistema que pretende preservar valor durante décadas debe asumir que los algoritmos criptográficos eventualmente envejecen o se vuelven insuficientes. En paralelo, siguieron apareciendo propuestas para UTXOs vulnerables, migraciones post-cuánticas y construcciones que combinan ideas como CTV y TXHASH para diseñar rutas de gasto más resistentes en escenarios adversariales.

La otra cara de esa seriedad es mucho menos filosófica: bugs reales. En enero de 2026, Bitcoin Core retiró los binarios de las versiones 30.0 y 30.1 tras detectar un fallo de migración de wallets que, en circunstancias raras, podía borrar archivos del directorio de wallets y causar pérdida de fondos. El aviso oficial subrayó que el problema afectaba migraciones fallidas de ciertos wallets legados sin nombre, y recomendó no intentar migraciones por GUI o RPC hasta la salida de la versión corregida. No significa que Bitcoin “haya caído”, pero sí recuerda algo esencial: el sistema real no está compuesto sólo por grandes principios monetarios, sino por software, implementaciones, operaciones y superficies de riesgo concretas.

🔚 Conclusión: Bitcoin entró en su fase de complejidad real

La imagen más honesta de Bitcoin en 2025–2026 ya no es la del activo que simplemente “sube” o “baja”. La red aparece, al mismo tiempo, como campo de disputa sobre relay y mempool, laboratorio de nuevos opcodes y covenants, base mínima para puentes y cómputo verificable, experimento serio para BTCfi sin custodia, sistema cuya capa base muestra menos ruido transaccional pero más peso de grandes actores, industria minera presionada por energía y márgenes, y objeto financiero atravesado por ETFs, tesorerías corporativas y derivados masivos. Además, debajo de toda esa superficie, crece la presión por preparar a Bitcoin para riesgos operativos y criptográficos que antes podían tratarse como temas lejanos.

La conclusión editorial es contundente: Bitcoin ya salió de su etapa de narrativa única. Lo verdaderamente pesado de esta fase no es que el precio pueda marcar nuevos máximos, sino que la superficie de conflicto, diseño e infraestructura se expandió de forma radical. Hoy, entender Bitcoin exige mirar menos el eslogan y más la maquinaria. Ahí es donde se está decidiendo su siguiente década.

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